







Amanda Portales cumple 60 años de trayectoria artística y los celebrará con dos conciertos en el Gran Teatro Nacional. Perú21 la entrevistó.
Un permiso del Poder Judicial fue la partida de nacimiento de Amanda Portales en la música.
Su madre era Cholita Huanuqueña —luego sería Irene del Centro— y su padre Lucio Portales, un violinista y director del conjunto Juventud Huanuqueña. Ella le bordó un vestuario huanuqueño, que en un próximo concierto la pequeña Amanda, de tres años, lo usaría y acompañaría a sus padres en el escenario. Así ocurrió y la bautizaron como La Mascotita de Huánuco. Subía a una silla para alcanzar el micrófono y cantar, y la bajaban para bailar; y luego, Amanda los miraba para que la vuelvan a subir y volver a cantar. Dos años después, esa precoz carrera artística cobró forma.
—A los 5 años me llevaron al Palacio de Justicia para que un juez me dé una autorización para cantar. El permiso solo era válido hasta las 5 de la tarde —me dice Amanda Portales sobre aquel episodio fundacional de hace seis décadas.
Trayectoria que ahora la celebra con dos conciertos en el Gran Teatro Nacional, este 22 y 23 de noviembre. Nuestra eterna novia del Perú.
Si empezó a los 3, 5 años, deduzco que desde el comienzo llamó la atención, ¿no?
Gustaron mis presentaciones. Fui Flor Collavina, cantando música de Puno, llegué a grabar con El Virrey. Y luego ya de señorita he grabado en Iempsa, ya como Amanda Portales, a los 25, 26 años. Yo era Amanda Portales, pero la primera vez me presentaron como Amanda del Mantaro. Siempre quise ser artista y hasta ahorita no me arrepiento, porque sigo aprendiendo.
¿Una cantante folclórica en aquellos años era aceptada más allá de los circuitos del género musical?
Me pasó en una presentación que tuve en Chaclacayo. Unos salseros me comenzaron a fastidiar, se burlaron del huaino. La vida me ha enseñado a no agachar la cabeza, sino a ser lo que soy, pero sin ser irrespetuosa. Los llamé. No pensaban que podía llamarlos. Uno de ellos tuvo que subir al escenario. Le pregunté de qué lugar era. Me dijo que era del Callao. Le dije: “Bueno, yo soy del Cercado de Lima”. Y lo hice bailar. Y me dijo “discúlpeme”. Yo ya estaba en la plenitud de mi vida, joven, bien parada, bien puesta.
¿Su generación —con el Chato Grados— qué diferencia marcó con respecto a lo que se venía haciendo en el folclore en el Perú hasta ese momento?
Yo cantaba la música tradicional del centro, del Valle del Mantaro, del departamento de Junín. Pero fue un “tú cantas tu música y yo canto la mía”, y no es que yo estaba en disputa contigo.
¿Pero qué hicieron de diferente?
Las anteriores generaciones eran muchísimo más tradicionalistas; por ejemplo, El Jilguero del Huascarán, Pastorita Huaracina, Jacinto Palacios, Juan Bolívar Crespo, Jaime Guardia, Picaflor de los Andes, Flor Pucarina.
También estaban las estudiantinas.
La Estudiantina Perú de Panchito Leyth Navarro, con las voces de Orlando Sauñe y Nicolás Antialón. Después vino la Estudiantina Andina.
Entonces, repito la pregunta: ¿qué hicieron ustedes de diferente? ¿Quizás lograron ingresar a otros espacios donde antes no había estado el folclor andino?
Ya no eran muchos los coliseos. Empezaron otros tiempos donde la multitud de gente iba, por ejemplo, a La Cabaña Monterrey, a diferentes lugares en la Carretera Central, donde había que empezar más temprano. Entonces, estabas en conexión con otro público, un poco más festivo.
¿Ustedes ‘modernizaron’ el folclor andino?
Sí, pero sin salirse del camino.
¿Los tradicionalistas no se escandalizaron con el “Pío, pío” o “Gatito miau, miau”?
Me decían “¿qué es ese pollito?”, “¿cómo vas a cantarle al pollito, al gatito”. No se daban cuenta. Tú eres joven, perfecto, pero hay niños que pueden escuchar un tipo de música, como “Mi gallito moro”, “La vizcachita”. Y en la actualidad, esos niños que en su momento escucharon esas canciones hoy son padres de familia y se acuerdan, se toman fotos con uno y les gusta, y a sus hijos también.
¿Hoy cómo está el folclore?
Mucho más festivo. Son otras épocas. Lo único es no salirse del camino. Puedes poner otros instrumentos musicales, puede ser un poquito más alegre, un poquito más festivo; hay público para todos.
¿Y hay artistas que están renovando el folclore andino?
Los hay y lo están haciendo a su estilo. Yo soy la continuación de los que ya no están.
¿El día que usted se vaya, quién viene?
No lo sé.
¿No hay nuevas voces?
Hay muchísimas voces.
¿No se atrevería a decir quién podría ser la nueva Amanda Portales?
Creo que no hay una Amanda Portales, no hay un Picaflor de los Andes, no hay una Flor Pucarina, no hay otro Chato Grados.
¿No peligra la existencia del folclore peruano?
El folclore peruano seguirá existiendo. Los hombres pasan y las obras musicales quedan. Hay temas de hace muchos años que ahora se están cantando.
En 2019 me dijo que quería retirarse. ¿Hoy el retiro está más cerca?
El futuro no lo sé. El presente sí. Estoy más fuerte que nunca. Sigo cantando en las mismas notas musicales de mis inicios. La experiencia que tengo la quiero seguir transmitiendo hasta cuando Dios diga “aquí no más, descansa”.
Autoficha:
-“Soy Amanda Portales Sotelo. Mi padre fue Lucio Portales Orizano, natural de Huánuco, violinista, director. En el Teatro Segura hice un recital y mi papá tocó el violín, me acompañó y le canté el tema que hice para él: “Papito corazón”. A mi madre le canté “Serenata a mi madre”.
-“Mi madre fue natural de Yauyos, en la sierra de Lima. Con ella también he cantado… Luego me presentaré fuera de Lima y en el extranjero estoy pedida, pero por el momento estoy enfocada en los conciertos del Gran Teatro Nacional, que serán muy especiales”.
-“Estoy feliz de haber nacido en Lima. De aquí puedo salir a diferentes partes. Lugar donde llego, hay muestras de cariño. No solamente el cariño que me dan, el abrazo, las fotos y todo, sino el buen comer… En los conciertos del Gran Teatro Nacional también iré contando las vivencias detrás de las canciones”.